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Por el último año de la secundaria, en esa época de tantas dudas e incertidumbres, empecé a interesarme  cada vez más en el universo del cine. 

Hasta ese momento había pensado en seguir alguna carrera humanística, como psicología o filosofía, o tal vez una asignatura artística. Es curioso ver como la vocación se va despertando en uno. Poco a poco como una semilla que se va abriendo desde su brote hasta empezar a andar su propio camino. 

Tengo recuerdos de noches enteras viendo películas o yendo al cine. Me mantenía en un estado hipnótico, de mágico placer. Una aventura constante. Era saber que lo que me había elegido tenía el suficiente peso y hondura como para indagarlo. 

Encontrarlo y encontrarme en ese lugar fue como descubrir un pequeño tesoro. El cine, o vivir de contar historias, en cierta forma sana. Nos dirige hacia una individualidad difícil de describir. Hacia ese lugar de reconocimiento de intimidad con uno.

Y ese fue el comienzo.

Cuando terminé la secundaria, tomé un año sabático para estudiar fotografía, idiomas, y de manera más autodidacta empecé a estudiar cine. Compraba libros, revistas, películas.   

Al año siguiente entré en la Facultad del Cievyc dónde hice la carrera de dirección. Ahí dirigí varios cortos y a partir del segundo año empecé a trabajar. Tuve la suerte de entrar en este mundo gracias a un profesor que, con mucha generosidad me invitó a mi primer rodaje. A partir de ahí, maravillado por el despliegue de los técnicos en el set, sentí ese despertar de la pasión. Ser y estar en un set se instaló en mí como una búsqueda constante. 

Así fue como empecé a subir  escalones en la rama de dirección, hasta llegar a dirigir. Y mientras me formaba, de camino, se cruzaron grandes directores a los tuve la suerte de asistir; Juan José Campanella, Adrián Caetano, Bruno Stagnaro o Marcos Carnevale.   

En el 2010 empecé a dirigir publicidad, para marcas como Coca Cola, L'oreal,  Movistar y Musimundo.

De esos primeros trabajos surgió el deseo de trabajar más profundamente con las herramientas de la actuación. Entrar en su energía, el detalle, su fuente creadora. Enriquecerme para después sembrar actuaciones más creíbles, con vida propia. 

Escribir historias. Con el tiempo dediqué cada vez más espacio a la escritura.  Ficción, documentales y contenidos. Estudié con los maestros Mauricio Kartun, Cesar Gomez y Robert Mackee. Así, lo anterior se completó con la idea de que antes que todo subyace un potencial creativo.  Una historia.

Y me interesa abordar cada proyecto desde ese potencial. A partir de esa fuente. Tomarlo desde su origen, armarlo, trabajarlo y pulirlo hasta encontrar su propia identidad. Su diferencial. Lo que lo vuelve único y diferente a todos los demás. 

Así me sumerjo en cada proceso.

Nicolás Federico